Aprender suele asociarse a una etapa concreta de nuestra vida. Primero estudiamos, después comenzamos nuestra trayectoria profesional y, casi sin darnos cuenta, establecemos una frontera imaginaria entre el tiempo dedicado a formarnos y el dedicado a trabajar.

La realidad es bastante diferente.

Seguimos aprendiendo cuando descubrimos una herramienta, asumimos una responsabilidad, participamos en un proyecto distinto o encontramos una manera más eficaz de hacer algo que llevamos años haciendo. Y esta capacidad para incorporar nuevos conocimientos resulta especialmente relevante en las profesiones que están en constante evolución.

Las herramientas cambian. Los procesos se transforman. Aparecen nuevas metodologías y formas de colaboración. Y las habilidades que ayer nos permitían desempeñar bien una función pueden enriquecerse mañana con otras competencias.

En este contexto ha ganado protagonismo un término que probablemente hayas encontrado alguna vez en ofertas de empleo, programas de formación o conversaciones sobre talento: upskilling.

Aunque el anglicismo pueda parecer complejo, la idea que hay detrás es bastante sencilla: seguir aprendiendo para mejorar nuestras capacidades y continuar creciendo profesionalmente.

definición de Upskilling

¿Qué es el upskilling y qué significa para nuestro desarrollo profesional?

Para entender qué es upskilling, podemos empezar por una situación cotidiana. Imaginemos a una persona que trabaja en gestión de proyectos. Conoce su profesión y cuenta con experiencia, pero decide aprender nuevas técnicas de visualización de datos para interpretar mejor la información de sus proyectos y comunicar los resultados de manera más eficaz.

Ese nuevo conocimiento amplía sus capacidades dentro de un ámbito profesional que ya conoce y en el que tiene experiencia.

Eso es upskilling.

El significado de upskilling hace referencia al proceso mediante el cual una persona desarrolla o perfecciona conocimientos y competencias que le permiten evolucionar dentro de su ámbito profesional.

Podríamos traducirlo como mejora, actualización o ampliación de competencias. Lo relevante es la idea que encierra el término: nuestras capacidades profesionales evolucionan a lo largo de los años y podemos seguir desarrollándolas a medida que cambia nuestro trabajo.

De hecho, esta actualización de competencias está adquiriendo una importancia considerable. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum señala que el 85 % de los empleadores encuestados prevé priorizar el upskilling de sus plantillas entre 2025 y 2030. El mismo informe apunta que la mitad de los trabajadores de las organizaciones consultadas ya había completado algún tipo de formación dentro de sus iniciativas de aprendizaje y desarrollo, frente al 41 % registrado en 2023.

El aprendizaje, por tanto, empieza a ocupar un espacio cada vez más visible dentro del propio recorrido profesional.

¿Por qué el aprendizaje continuo es cada vez más importante?

Probablemente algunas de las herramientas que utilizamos hoy ni siquiera formaban parte de nuestra rutina. Ciertos procesos se realizaban de otra manera y algunas de las habilidades que ahora consideramos habituales tenían mucha menos presencia.

La transformación de las profesiones no ocurre necesariamente de un día para otro. Muchas veces avanza mediante pequeños cambios que terminan modificando nuestra forma de trabajar.

El aprendizaje continuo permite acompañar esos cambios e incorporar conocimientos a medida que nuestro entorno profesional los requiere. Puede producirse mediante un curso, aunque también surge de la práctica, de un proyecto nuevo, del intercambio con otros profesionales o de la necesidad de resolver un problema desconocido.

El World Economic Forum estima que el 39 % de las habilidades clave requeridas en el mercado laboral cambiarán de aquí a 2030. Al mismo tiempo, sitúa entre las capacidades cuya importancia crecerá el pensamiento creativo, la resiliencia y flexibilidad, la curiosidad y el aprendizaje permanente, junto con diferentes competencias tecnológicas.

Esta combinación recuerda que las nuevas competencias laborales abarcan terrenos muy diversos.

Podemos mejorar nuestra capacidad para comunicar, analizar información, gestionar proyectos, colaborar, liderar equipos, resolver problemas, adaptarnos a situaciones diferentes y, por supuesto, utilizar nuevas tecnologías.

La formación continua permite acompañar esa evolución y centrar el aprendizaje en conocimientos que después tengan una aplicación real en nuestro trabajo.

Upskilling y reskilling: ¿cuál es la diferencia?

Es habitual encontrar juntos los términos upskilling y reskilling, y también es frecuente utilizarlos como si fueran sinónimos. Ambos están relacionados con el aprendizaje profesional, pero describen procesos diferentes.

El upskilling consiste en ampliar o perfeccionar nuestras competencias para seguir evolucionando dentro de nuestro ámbito profesional.

El reskilling, en cambio, implica adquirir conocimientos y habilidades orientados a desarrollar funciones diferentes de las que veníamos realizando.

Una forma sencilla de recordarlo sería:

Upskilling: aprender para mejorar y evolucionar en nuestro ámbito profesional.

Reskilling: aprender para poder desarrollar una función profesional diferente.

La diferencia entre reskilling y upskilling está principalmente en la dirección que toma ese aprendizaje y en el objetivo profesional que persigue cada persona.

Un ejemplo sencillo para entender la diferencia entre reskilling y upskilling

Imaginemos a una profesional que trabaja en atención al cliente.

A lo largo de su trayectoria decide realizar una formación avanzada en comunicación, resolución de situaciones complejas y análisis de indicadores de satisfacción. Gracias a esos conocimientos puede mejorar su desempeño y asumir responsabilidades adicionales dentro de su área.

Estaríamos ante un ejemplo de upskilling.

Ahora imaginemos que esa misma persona decide formarse específicamente para desarrollar una función en análisis de datos y comienza a adquirir las competencias necesarias para orientar su trayectoria hacia esa nueva área.

En este segundo caso hablaríamos de reskilling.

Cada estrategia responde a un objetivo profesional distinto. Con el upskilling, la persona profundiza y amplía las capacidades relacionadas con su trayectoria, con el reskilling, adquiere conocimientos para orientarse hacia otras funciones relacionadas con la movilidad interna.

Esta distinción tiene además aplicaciones reales en nuestro entorno educativo y profesional. Una investigación publicada en 2025 en la Revista de Educación del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes analizó a titulados universitarios que posteriormente cursaron Formación Profesional de Grado Superior en España. Los investigadores encontraron que esta decisión respondía principalmente a estrategias de upskilling, al existir una relación significativa entre los estudios universitarios previos y la familia profesional elegida posteriormente.

El estudio muestra cómo la formación posterior puede aprovechar conocimientos adquiridos durante etapas anteriores y añadir nuevas competencias sobre esa base.

Ejemplos de upskilling: aprender para seguir avanzando

El upskilling puede adoptar tantas formas como profesiones existen.

Puede desarrollarse mediante una formación extensa, un curso breve, la práctica con una nueva herramienta o el aprendizaje derivado de un proyecto. Lo relevante es que permita mejorar habilidades profesionales relacionadas con nuestra actividad o con nuestra evolución dentro de ella.

Estos son algunos ejemplos de upskilling que ayudan a visualizarlo.

Una persona dedicada a tareas administrativas puede mejorar sus conocimientos sobre hojas de cálculo, visualización de información o herramientas de gestión para trabajar con datos de una manera más eficaz.

Un profesional que participa habitualmente en proyectos puede desarrollar competencias de planificación, coordinación o metodologías de gestión que le permitan asumir proyectos más complejos.

Alguien que empieza a coordinar personas puede trabajar habilidades relacionadas con liderazgo, comunicación, escucha o gestión de equipos.

Un profesional con conocimientos técnicos puede mejorar su capacidad para presentar información compleja de forma comprensible ante clientes o responsables de otras áreas.

Todos parten de capacidades previamente adquiridas y las amplían con conocimientos que pueden utilizar en su actividad profesional.

Además, las competencias que merece la pena desarrollar no son iguales para todo el mundo.

La OCDE señala en su Skills Outlook 2025 diferencias importantes en el tipo de formación que realizan los adultos y destaca áreas como gestión de proyectos, competencias numéricas, idiomas, habilidades digitales, analíticas o directivas entre los aprendizajes que pueden contribuir al desarrollo profesional.

Por eso, antes de decidir qué aprender, conviene hacerse una pregunta bastante más sencilla:

¿Qué habilidad podría ayudarme a hacer mejor aquello que ya hago o a asumir el siguiente reto que quiero afrontar?

La respuesta será diferente para cada profesional.

Precisamente por eso resulta útil conocer cuáles son las habilidades profesionales más valoradas por las empresas y reflexionar sobre cuáles podemos seguir desarrollando a lo largo de nuestra trayectoria.

¿Qué beneficios tiene el upskilling para profesionales y empresas?

Los beneficios del upskilling pueden observarse desde la perspectiva de la persona que desarrolla nuevas capacidades y desde la organización en la que esos conocimientos encuentran aplicación.

Upskilling para profesionales

Para un profesional, ampliar conocimientos significa disponer de más recursos para afrontar su trabajo.

Aprender puede ayudarnos a realizar determinadas tareas con mayor autonomía, comprender mejor nuestro ámbito profesional, afrontar proyectos diferentes o prepararnos para asumir nuevas responsabilidades. También permite mantener nuestros conocimientos actualizados.

Hay además un efecto menos visible: aprender cambia la manera en que observamos nuestro propio trabajo.

Cuando incorporamos una nueva metodología, herramienta o perspectiva, podemos descubrir alternativas que antes no contemplábamos. Algo que siempre habíamos hecho de una determinada manera puede empezar a admitir otras posibilidades.

Ese proceso forma parte del desarrollo profesional.

El crecimiento profesional adopta muchas formas. Podemos aspirar a nuevas responsabilidades, dominar mejor una actividad, ganar autonomía, ampliar nuestra perspectiva o encontrar maneras más eficaces de resolver los problemas cotidianos.

Upskilling en empresas

El upskilling en empresas introduce una perspectiva complementaria.

Las organizaciones necesitan capacidades para desarrollar sus proyectos, gestionar sus procesos y responder a los cambios de su entorno. Parte de ese conocimiento puede desarrollarse dentro de los propios equipos, aprovechando la experiencia acumulada por las personas y ampliándola mediante nuevas competencias.

La capacitación profesional contribuye a ese proceso.

De hecho, el World Economic Forum identifica el upskilling de la plantilla como la estrategia de talento más extendida entre los empleadores encuestados para responder a las grandes transformaciones previstas entre 2025 y 2030.

Una cultura de aprendizaje también favorece el intercambio de conocimiento. Lo aprendido por una persona puede terminar ayudando a un equipo completo cuando se comparte, se incorpora a un procedimiento o inspira una forma diferente de afrontar un proyecto.

En España, además, el upskilling y el reskilling forman parte de iniciativas públicas de formación dirigidas a población activa. En 2025, el BOE publicó la distribución de algo más de siete millones de euros destinados a acciones de reskilling y upskilling vinculadas a cualificaciones profesionales en sectores estratégicos, cuidados y territorios en riesgo de despoblación.

El concepto ha trascendido así el vocabulario de los departamentos de recursos humanos y forma parte de iniciativas más amplias de capacitación profesional.

Cómo impulsar el upskilling y mejorar nuestras habilidades profesionales

Una vez entendido el concepto, aparece la pregunta práctica: ¿por dónde empezamos?

El punto de partida puede ser observar nuestro propio trabajo.

¿Qué conocimientos utilizamos habitualmente? ¿Qué tareas nos resultan más complejas? ¿Qué competencias aparecen cada vez con mayor frecuencia en nuestro ámbito? ¿Qué nos gustaría saber hacer mejor?

Ese pequeño diagnóstico ayuda a elegir aprendizajes que tengan sentido para nuestra trayectoria, en lugar de dejarnos llevar únicamente por aquello que está de moda.

Después conviene elegir un objetivo concreto.

“Quiero mejorar mis competencias digitales” es una intención demasiado amplia. “Quiero aprender a representar datos de forma que pueda comunicar mejor los resultados de mis proyectos” proporciona una dirección mucho más clara.

A partir de ahí podemos decidir cómo aprender.

La formación continua adopta muchas formas. Podemos recurrir a un curso, participar en un proyecto, trabajar junto a una persona con mayor experiencia, leer, asistir a encuentros profesionales, practicar con una herramienta o asumir progresivamente nuevas responsabilidades.

Después llega la práctica.

Cuando utilizamos un conocimiento para resolver situaciones reales, empezamos a incorporarlo a nuestra manera de trabajar. La repetición, la experiencia y el aprendizaje obtenido de los errores ayudan a consolidarlo hasta convertirlo en una competencia.

También merece la pena observar nuestra evolución.

¿Hacemos algo mejor que hace unos meses? ¿Podemos abordar tareas que antes necesitábamos delegar? ¿Comprendemos aspectos de nuestro trabajo que antes nos resultaban ajenos?

El upskilling suele construirse de esta manera: mediante aprendizajes concretos que se acumulan y amplían nuestras capacidades con el paso del tiempo.

Aprender también forma parte de trabajar

Si pensamos en nuestra trayectoria profesional como un camino, resulta difícil imaginar que podamos recorrerlo durante décadas utilizando exactamente las mismas herramientas con las que comenzamos.

Algunas permanecerán, otras cambiarán y también aparecerán otras que todavía desconocemos.

Quizá por eso el concepto de upskilling resulta más sencillo de lo que su nombre sugiere.

Habla de aprendizaje continuo, de curiosidad y de la capacidad de seguir desarrollando nuestras competencias profesionales a medida que nosotros y nuestro entorno evolucionamos.

A lo largo de una trayectoria profesional habrá momentos para profundizar en conocimientos que ya tenemos, incorporar habilidades complementarias y descubrir perspectivas que cambien nuestra manera de trabajar.

El Future of Jobs Report 2025 estima que 59 de cada 100 trabajadores necesitarán algún tipo de formación antes de 2030. Detrás de una cifra tan grande encontramos una realidad mucho más cotidiana: personas que continúan aprendiendo a medida que evoluciona su profesión.

Nuestra formación puede acompañarnos durante toda la vida laboral. Cada proyecto, herramienta, responsabilidad y conocimiento abre una posibilidad de seguir desarrollándonos.

Trabajar también puede ser una forma de seguir aprendiendo.

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